miércoles, 6 de enero de 2016

Caminito de Belén... O de Juanito, Lucía, Carlos y Anita


Y venían al fin los Reyes Magos dirección Cádiz. Alzado sobre unos enormes y portentosos pilares, se halló impecable nuestro maravilloso Puente de la Constitución, que tuvo la suerte de estrenarse como alfombra roja para sus majestades cuando decidieron regresar un año más. Ahí estaba, sí, nervioso aunque insobornable, nuestro puente atirantado; listo para catapultar a sus altezas reales al foco de atención de cientos de niños; para concederles el honor de ser los dueños de las más puras e inocentes miradas. Con el tiempo –y sobre todo recursos económicos- en contra, marcharon sobre sus camellos para hacer que la Tacita de Plata y sus bebedores olvidaran, al menos durante unos cortos y valiosos instantes, sus más desgarradoras inquietudes. Y lo consiguieron. Vimos a unos Reyes Magos con un cinturón muy prieto, pero los reconocimos. Se oyeron villancicos y los niños sonrieron con las manos llenas de caramelos (aunque algo menos que en años anteriores). 

No estuve en Madrid, ni en Valencia, así que muchos dirán que no puedo hablar del tema. Siento deciros, amigos, que hoy en día con la televisión vivimos muchas cosas casi simultáneamente. Salvo cuando ocurre una tragedia en París, acapara los medios y parecen quedar a un lado las tragedias africanas, claro está. Sin embargo, he de decir que tengo la sensación de que los niños no sonrieron, ni en Madrid, ni en Valencia, como en años anteriores.

Vayamos al grano. No se puede atacar a una persona por sus creencias. Las creencias pueden ser o no respetables, a la persona ni la toques. Respétala siempre. Si se exige que se nos respete y acepte como ateos se debe respetar que haya personas que no se sientan así, que en España hay una mayoría cristiana y unas tradiciones con las que muchos se sienten identificados. Si no te gustan los Reyes Magos es tan sencillo como no ir a la cabalgata. No les pongas regalos a tus hijos. Óbvialo pues y dedícate a ser feliz con tu familia a tu manera en un día que no es sino uno cualquiera de un año que recién acaba de comenzar. Pero no destroces la ilusión de unos niños que aún no están edad de juzgar si aquello en lo que ‘creen’ (por decirlo de alguna manera) está bien o mal o si se sienten verdaderamente identificados con lo que llevan escuchando desde muy pequeños. No destroces la ilusión de unos niños que aún no están en edad de comprender el cuento que se les cuenta y que sólo saben que ese día siempre vienen tres señores barbudos y muy arropados a traerles regalos y alegría. Porque cuando se topan o con unos Reyes irreconocibles -más de chiste que los ''verdaderos'' si cabe- o con tres mujeres, los chicos no lo entienden. No entienden de religión siquiera aún. Quizá estén siguiendo la corriente por inercia familiar. Quizá tengan fe y no haya más que hablar. Pero eso aún no lo saben. No entienden de política, de igualdad de género, ni mierdas. Sólo ven que lo que les habían contado, lo que llevaban esperando un año entero, no se cumple. Y eso diezma su ilusión (en el mejor de los casos), o la extermina (en el peor).
 
Desde luego, no creo en absoluto que se sea más feminista por poner a tres mujeres en las carrozas, y ello no implica que no me quiera y respete como mujer. Considero que en materia de feminismo o lucha por la igualdad hay una infinidad de medidas a tomar antes que sustituir a los tres varones en cuestión por tres féminas y jactarnos de lo progresistas que somos. Porque mientras tanto, estamos a 6 de enero de 2016 y ya hemos añadido a la lista de víctimas por violencia de género unos cuantos nombres. Y me da a mí que no es que Melchora, Gaspara y Baltasara las hayan ayudado mucho.

Ayer ya venían los Reyes Magos caminito de Belén… Pero no lo olviden: Y de Juanito, Lucía, Carlos y Anita. Iban camino de sus corazones, aún inocentes e impolutos. No los contaminen, déjenlos crecer a su ritmo. Por ahora edúquenlos en una perspectiva de igualdad de género; más adelante gritarán con nosotras. 

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