sábado, 2 de enero de 2016

Eternal sunshine of the spotless mind




Hola, 2016. Pretendía recibirte con todo el cariño del mundo y me parece que ya te he fallado a ti también. No estaba lista para abrazarte; llamaste al timbre y yo con estos pelos. Vaya bienvenida. Quería hablarte sobre la primera película que he visto para estrenarte. La primera que he visto de verdad, es decir, sola, sumergida en el sonido de unos auriculares, ha sido Olvídate de mí o lo que es mejor, Eternal sunshine of the spotless mind.

Tenemos en ella a un Jim Carrey enamorado, que en vísperas de San Valentín se dispone a recuperar a una chica que ya ni siquiera parece reconocerle. Es ella. Es Clem. La maravillosa y exuberante Kate Winslet salida de sus raíles de mujerón para adentrarse en una historia de ''chico conoce chica'' nada normal, y que da corriente. Parece ser que nuestra Clementine, rota de dolor, recurrió a un proceso de eliminación de recuerdos para borrar a Joel de su cabeza, y como consecuencia, de su corazón. Unas cuantas lesiones cerebrales en los núcleos emotivos de cada recuerdo y listo. 'Adiós' Joel. Y hola 'Patrick'. Sumido en impotencia, Joel decide hacer lo mismo. Una historia de idas y venidas, aunque más de venidas en realidad, en la que, ni con daños estereotáxicos, parecen poder desvincularse nuestros personajes. Y hasta aquí puedo leer.

Primera lectura de la película: ''Espero que no haya querido decir eso. No. Que no me vendan eso. ¿Es ese el mensaje?''. Hay personas que están destinadas a encontrarse. Quizá no para estar juntas, o al menos no para estarlo en el momento en que se conocen, pero que, al fin y al cabo se complementan, se completan. Son aquellos para los que, aunque las cosas se tuerzan, en algún momento habrá un camino más iluminado y menos escarpado que los demás, que les llevará lentamente a un punto en el que no sólo confluirán sus cuerpos; sino en el que además se reactivará la electricidad entre sus mentes, la magia. ''If two people are meant to be together, eventually, they'll find their way back''.

El segundo en que mi organismo interpretó eso como enseñanza principal de la película, me abrumó una profunda decepción y un enorme rechazo. ''¡Que no me vendan esto ahora, hace tiempo que dejé de creer en ello!''.

Posterior reflexión: ''Quizá el mensaje que he captado no sea sino un espejismo de lo que en realidad buscaba ver. ¿Se trata entonces de una apelación a los 'muertos cenantes' para que luchen por aquello por lo que algún día apostaron? ¿Un llamamiento a los enamorados en proceso de desenamoramiento para que intenten de veras estar juntos? ¿O es acaso una crítica a nuestra manera de afrontar los problemas en numerosas ocasiones; es decir, una crítica a la rehuida del dolor para superarlo?''.

Qué maravillosa idea, ¿no? Disponer al menos de la posibilidad de olvidar a alguien (voluntariamente, claro está, no veáis fortuna alguna en el que padece alzheimer ni aunque estéis dolidos por amor o cualquier otro fantasma que se le parezca). Aunque, siendo sincera, jamás recurriría a la Clínica Lacuna... Me declaro incapaz de borrarte de mis recuerdos por doloroso que fuera el final. Tú contribuiste a lo que soy hoy. Sin ti sería imposible explicarme. Imposible entenderme. Todo porqué nace en ti. Una obra de teatro no se entiende, no se explica del todo, hasta que no la vemos representada. Pues lo mismo. Llámame libro. Llámate representación.

'Eterno resplandor de una mente sin recuerdos'... Y una mierda. Eterna oscuridad.

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